Relación de pareja ¿elegimos siempre alguien parecido a nuestro padre?
Ya saben lo que siempre nos han dicho, que nuestro subconsciente y nuestro pequeño complejo de Electra latente en toda mujer, nos lleva aunque no nos percatemos, a elegir hombres que son como nuestros padres. En realidad es un tema debatido durante mucho tiempo por los especialistas en psicología, y ya algunos apoyan la tesis de que lo hacemos en alguna medida, porque el primer amor que un niño conoció fue el amor materno y es por ello que los niños (hombres) concibieron por su madre un acercamiento mayor que a sus padres, y quizá en ello (digo quizá porque no hay nada concluyente) se casan con mujeres que se parecen en alguna manera a sus madres, porque quieren recuperar aquella etapa de la vida cuando alguien más podía hacerles sentir cómodo y se sentían enteramente a gusto consigo mismos (complejo de Edipo dirán algunos). Pero bien sea o no sea así, en lo que concierne a las mujeres e igual que sucede a los hombres la relación que hayan tenido con sus padres, de cercanía, confianza y cariño influye en que quieran un hombre que en alguna forma les provea la alegría y el apoyo que de niñas sentían al sentirse cobijadas por el amor paterno, lo que claro está no sucede con las mujeres que no tuvieron una relación cercana con su padre o no convivieron con él.
Pero en los últimos años a esa creencia de que sólo podemos sentirnos atraidas por hombres parecidos a nuestros progenitores ha sido opacada por algo más certero y probable, que desbanca otra creencia sobre las relaciones de pareja, que nos atraen ciertamente solo los hombres que son totalmente opuestos a nosotras. Y eso es cierto, basta ver algunas parejas que conozcamos para encontrarnos con ello, y para todas en alguna medida siempre resulta atractivo y mucho más el hombre que reune cualidades de las que carecemos o tienen algunas que nos atraen irresistiblemente (hay que decirlo aún las cosas menos atractivas pueden atraernos de algunos). Y una teoría más y ésta más certera aún es que nos gusta la gente que se parece a nosotras mismas, con quien podemos compartir la forma de pensar y vivir, porque con ello nos sentimos cómodas y no tenemos que enfrentarnos a la constante de acomodarnos a alguien que difiere totalmente de nosotras.
Sea lo que sea que nos atraiga de alguien más, lo que sí es cierto es que esos mismos estudiosos del comportamiento humano coinciden totalmente que las relaciones más duraderas, aunque la llama del amor puede ser avasalladora entre aquellos que no se parecen en nada en la forma de vivir, pensar y actuar, y también entre los que encuentran en esa persona especial un reflejo de las personas más importantes de su vida: sus padres, los que más triunfan en hacer duradera la relación son los que encuentran el amor en alguien que comparte sus mismas aficiones, pensamientos, expectativas, motivaciones, porque conforman un mundo de dos en que todo está ahí y a veces ni necesita ser dicho porque piensan en concordancia y sienten en igual manera.
Interesante ¿o no? no elegimos siempre a alguien que se parezca a nadie de nuestros padres así es, ni tampoco siempre nos inclinamos por hombres que difieren totalmente de nosotras, como seguramente tampoco siempre nos resulten atractivos los que se parecen a nosotras mismas (esto lo digo yo) porque al momento de encenderse ese fuego del enamoramiento, estarán de acuerdo conmigo que no cuenta más que lo que ese alguien nos inspira y a partir de ahí, los pequeños problemas, los descuentros y demás se van sorteando en pos del amor…y funciona, siempre funciona, cuando dos personas se aman. Y encontrado el amor, casi que no importa si nos parecemos, se parecen, o son diferentes de nosotras o de nadie, porque contra lo que todos digan no elegimos siempre alguien parecido a nuestro padre, cuando elegimos, casi que ni nos enteramos, porque por muy sensatas que seamos, el amor siempre nos hará sus jugaretas.
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Escrito por Sunday |
1 de julio de 2010 con
1 comentario.
Etiquetas: Relación de pareja
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Comentarios
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