El hombre ideal ¿un mortal o un princípe?

Todas habremos soñado siendo niñas con el princípe azul que vendría  y nos llevaría a un reino donde viviriamos por siempre felices (¿han pensado lo aburrido que podría ser también,  vivir por siempre sin preocupación alguna?) pero ese princípe de nuestros infantiles cuentos de hadas, hace tiempo nos habremos convencido que no saldría de las páginas de la Bella Durmiente ni abandonaría jamás a la tierna y algo tontarrona Aurora.  No hay tal princípe,  pero seamos sinceras, enamoradas el más común de los mortales es un princípe ¿o no?

Todo irá bien si ese chico que es tan encantador,  nos resulta un caballero andante que nos hace sentir las damiselas de los cuentos de hadas, pero la triste realidad es que románticas las mujeres al fin, cometen el gran error de su vida, cuando asumen que ese encantador mortal, por decirlo de alguna manera, no es ningún princípe encantado, ni ningún personaje de historia novelada libre de defectos y  es tan dado como tú como yo, a cometer errores. Ese sí que es un problema porque le resta encanto a la relación, convierte a nuestro encantador enamorado en una persona a la que queremos ponerle perfecciones que no tiene nadie, y con ello arruinamos la relación y nos sentimos decididas a cambiarle, solo porque sí.

Hay algo que debe estar presente en las relaciones de amor, desde el primer momento, cuando sientes que el vientre se te contrae de emoción y cuando (¡que romantica soy!) hasta parece que ves brillantes mariposas, hasta el momento en que la relación se ha afianzado quizá ya no sientas violines en el aire cuando lo ves, pero se ha tornado en una persona importante para tu vida, ¡es importante! ¡es diferente! ¡es único! y es tremendamente humano,  como para no ser perfecto siempre.

Y las relaciones tienden a estancarse el día en que, a muchas les sucede, deciden que ese chico ya no parece ser el que era, en realidad siempre ha sido el mismo, que lo vieras con los ojos deslumbrados del enamoramiento es otra cosa, que por momentos pierdas la cordura mirándole con tus ojos de niña enamorada del princípe de Sherk es otra cosa, ¡él es el mismo! y tu debes empezar a pensar en que si has pensado que no te gusta aquello o lo otro, estás jugando un juego peligroso, que igual puedes motivarle a que empiece a querer cambiarte de alguna manera.

Ciertamente queremos llevar una relación de convivencia con alguien que amamos, y habrán cosas que no nos gusten y no le gusten, en algunas él cederá y tu también, cambiamos por amor más que por cualquier otro sentimiento, pero cuando un día te sientas al espejo y piensas en él pensando que quieres que sea diferente de lo que es, que deje de ser el amigo de aquellos amigos que tanto quiere, que abandone el deporte por el que muere, que no escuche la música que lo trastorna (a ti también pero en mala manera) y que se convierta en la imágen de un cuento de hadas, es hora de hacer un alto y pensar que él no es tal personaje de novela rosa, es un hombre que por muchas razones te ha gustado, por tantas otras has llegado a amar y que por eso mismo asumes que es tan mortal como tu y puede ser como quiera que sea, igual lo amas, con sus virtudes y defectos, con las cosas que no cambiará…porque así es tu hombre ideal.

También te interesará:

El secreto de las parejas felices

Demostrar el amor

Elegimos siempre alguien parecido a nuestro padre

Escrito por Sunday | 3 de julio de 2010 con 1 comentario.
Etiquetas:
Lee más artículos sobre Relación de pareja

Artículos relacionados

Comentarios

  1. Las cualidades benéficas de un beso - Boda Hoy - 11 de julio de 2010 | 4:26

    [...] El hombre ideal ¿un mortal o un princípe? [...]

Deja una respuesta